Para la Procesión de la Misericordia faltan:

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EN LA CATEGORIA "AVISOS", PODRÁS ESTAR INFORMADO DE CUALQUIER AVISO O ANUNCIO DE LA COFRADÍA A SUS HERMANOS O DEVOTOS DE NUESTROS SAGRADOS TITULARES .



martes, 29 de enero de 2013

BENDICIÓN DE LA RELIQUIA DE LA SANTÍSIMA Y VERA CRUZ





Confirmado, el próximo día 22 de marzo de 2013, a las 19,30 h., y coincidiendo con el devoto Besapie al Santísimo Cristo de la Salud y Misericordia, la reliquia de la Santísima y Vera Cruz (Lignum Crucis) será bendecida por el Párroco de Nuestra Señora de la Asunción y Arcipreste de Alcantarilla D. Luis Martínez Mármol. Una vez bendecida la reliquia se dará a besar a los fieles.

La reliquia, dos pequeñas astillas de madera que pertenecen al trozo de la Santísima Cruz donde murió Jesucristo que se venera en Roma, presidirá el acostumbrado Vía Crucis parroquial que se celebra cada viernes de cuaresma en el interior del templo de la Asunción.
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sábado, 26 de enero de 2013

NOVEDADES LUNES SANTO 2013: EL SANTÍSIMO LIGNUM CRUCIS


Relicario de la Santísima y Vera Cruz 

Nuestro Hermano Mayor ha recibido como regalo particular de su amigo el sacerdote romano Ettore Dragani una reliquia certificada del Santísimo Lignun Crucis, o reliquia de la Santísima y Vera Cruz.

La reliquia son dos pequeñísimas astillas pertenecientes a la Santa Cruz donde fue crucificado Nuestro Señor y que se venera en la ciudad de Roma.

Otros lugares donde se venera el Santo Lignum Crucis es en Jerusalen, Santo Toribio de Liébana  o en Caravaca de la Cruz, ambas ciudades en España.

Esta reliquia, en la que mostramos el relicario en forma de Cruz que se venerará en la Capilla de Nuestra Señora de Gracia, procesionará el próximo Lunes Santo entre los pasos de Nuestra Señora de la Consolación y del Santísimo Cristo de la Salud y Misericordia.

Podemos estar muy orgullosos ya que somos de los pocos municipios de Murcia que podemos contar con tan valiosa reliquia en nuestra procesión.

Cuenta el historiador Eusebio de Cesarea que el general Constantino, hijo de Santa Elena, era pagano pero respetaba a los cristianos. Y que teniendo que presentar una terrible batalla contra el perseguidor Majencio, jefe de Roma, el año 311, la noche anterior a la batalla tuvo un sueño en el cual vio una cruz luminosa en los aires y oyó una voz que le decía: "Con este signo vencerás", y que al empezar la batalla mandó colocar la cruz en varias banderas de los batallones y que exclamó: "Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena". Y la victoria fue total, y Constantino llegó a ser Emperador y decretó la libertad para los cristianos, que por tres siglos venían siendo muy perseguidos por los gobernantes paganos.

Escritores sumamente antiguos como Rufino, Zozemeno, San Cristótomo y San Ambrosio, cuentan que Santa Elena, la madre del emperador, pidió permiso a su hijo Constantino para ir a buscar en Jerusalén la cruz en la cual murió Nuestro Señor. Y que después de muchas y muy profundas excavaciones encontró tres cruces. Y como no sabían cómo distinguir la cruz de Jesús de las otras dos, llevaron una mujer agonizante. Al tocarla con la primera cruz, la enferma se agravó, al tocarla con la segunda, quedó igual de enferma de lo que estaba antes. Pero al tocarla con la tercera cruz, la enferma recuperó instantáneamente la salud. Y entonces Santa Elena, y el obispo de Jerusalén, Macario, y miles de devotos llevaron la cruz en piadosa procesión por las calles de Jerusalén. Y que por el camino se encontraron con una mujer viuda que llevaba a su hijo muerto a enterrar y que acercaron la Santa Cruz al muerto y éste resucitó.

Por muchos siglos se ha celebrado en Jerusalén y en muchísimos sitios del mundo entero, la fiesta de la Invención o hallazgo de la Santa Cruz el día 3 de Mayo.


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jueves, 24 de enero de 2013

COMIDA DE NAVIDAD 2012


Algunos de los hermanos que asistieron a la comida de Navidad

En fechas próximas a la Navidad se celebró una comida de hermandad a la que asistieron tanto Directivos como miembros del Grupo Joven, nazarenos y costaleros/as.

Fue un día de hermandad en el que pasamos unas horas muy agradables, degustando la comida que cada uno pudo traer y que se compartió con el resto de los comensales.

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EL GRUPO JOVEN PREPARANDO LA SEMANA SANTA


Son ya unos cuantos domingos los que el Grupo Joven de nuestra cofradía se juntan para charlar sobre Semana Santa y cofradías. 

Pero es ahora cuando comienza el verdadero trabajo, la cuenta atrás que nos lleva hacia el día más esperado del año, Lunes Santo.

Y comenzaron con la pintura de la puerta de la nueva Sede Social de la cofradía en la Plaza de las Flores de Alcantarilla, estando inmersos ahora en la limpieza de la cera de la candelería y de las tulipas o en el tapizado de las sillas de la sede, que, como podemos ver en las fotos, están hechos todo unos expertos.

Desde la Junta directiva que tengo el honor de presidir quiero dar las gracias a estos "fatigas", ya que con su ayuda, y sobre todo con su buen humor e ilusión, están haciendo que nuestra cofradía sea una verdadera hermandad.


los tapiceros mostrando como se realiza un buen trabajo

una parte del Grupo Joven enseñando su trabajo recién terminado

ahora a por la cera de la candelería

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domingo, 20 de enero de 2013

APLAZAMIENTO VIAJE A GRANADA




Os informamos que, por motivos ajenos a nuestra voluntad, el viaje a la tumba de Fray Leopoldo en Granada se realizará el próximo día 3 de marzo, domingo.

Ya podéis apuntaros en Modas Mariano Cano, en Calle Mayor junto a CajaMurcia de San Pedro y en Papelería Librería Toñi, frente a colegio de las Monjas de Alcantarilla.

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sábado, 19 de enero de 2013

VIDEO PROCESIÓN SANTO VÍA CRUCIS 2012


Para ir abriendo boca podéis disfrutar del vídeo de la Procesión del Santo Vía Crucis de Lunes Santo del año 2012, por cortesía de ALCANTARILLA TV.

Ya falta mucho menos para Lunes Santo.

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viernes, 18 de enero de 2013

FEBRERO: UN MES REPLETO DE ACTOS COFRADES




El próximo mes de febrero llegará repleto de actos y reuniones para preparar la Semana Santa 2013.

En primer lugar los hermanos de la Salud y Misericordia tendremos el Cabildo General  de Semana Santa en el cual daremos detallada cuenta de los nuevos proyectos, de las fechas de los ensayos y de las normas para la procesión de Lunes Santo.

El viernes 15 de febrero, a las 8,30 h. aproximadamente tendrá lugar, desde la Iglesia de San Pedro, el Vía Crucis de la Junta de Hermandades, al que estáis todos invitados a participar junto a la Junta Directiva de nuestra cofradía, partiendo desde el lugar donde nos toca leer la estación correspondiente, acompañando nuestro estandarte para, una vez leída, acoplarnos al cortejo hasta llegar de nuevo a la Iglesia.  Os mantendremos informados de hora y lugar de convocatoria.

Los actos del Día del Nazareno seguirán el domingo 17 de febrero, a las 12 de la mañana con una misa en la iglesia de San Pedro y, a su término, nos reuniremos en el monumento al Nazareno para recordar a nuestros nazarenos difuntos.

Un día antes, el sábado 16 de febrero, partiremos desde Alcantarilla hacia Granada en la III Peregrinación a la tumba del Beato Fray Leopoldo. En unos días informaremos del precio del viaje y la fecha límite para poder apuntarse. ¡ Anímate y vente con nosotros !

Y llegan uno de los días grandes de nuestra cofradía.  El viernes 22 de febrero, a partir de las 10 de la mañana y desde la Iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción, celebración del devoto Besapié en honor al Santísimo Cristo de la Salud y Misericordia.  La Iglesia estará abierta todo el día por lo que podréis visitar al Señor en cualquier momento.  Durante el fin de semana será el triduo y el domingo 23 celebraremos la Santa Misa Cofrade en honor a nuestro Titular, en la que esperamos participéis todos de forma activa, leyendo las lecturas, peticiones, ofrendas o simplemente asistiendo a la Eucaristía.

En unos días os informaremos de la fecha del Cabildo General y os iremos comunicando las fechas de ensayos de costaleros y costaleras.

Por cierto, recordad que está abierto el plazo para apuntarse como costalero, costalera, penitente nazareno, penitente infantil, grupo joven, cuerpo de ciriales y porta estandartes.



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martes, 8 de enero de 2013

COMIENZA UN NUEVO AÑO COFRADE



C
omienza un nuevo año, y con el, la cuenta atrás de las fechas más esperadas por cualquier cofrade que se precie, Cuaresma y Semana Santa.

En este 2013 son muchas las novedades que, poco a poco, iremos desvelando en nuestro blog y en las redes sociales como tuenti, twitter o facebook, ya que, aunque corren malos tiempos para nuestra economía, la cofradía ha estado trabajando duro para que al Señor del Vía Crucis y a su Santísima Madre de la Consolación no le falte de nada.

En breve os informaremos del calendario cofrade de este año con las fechas de los ensayos de costaleros y costaleras, las del devoto besapie al Santísimo Cristo y su Misa Solemne, los días para trabajar en los preparativos de Lunes Santo, y como no, el día y hora de nuestra Procesión.

Estad atentos a esta página y traed nuevos hermanos a la cofradía, serán, como vosotros lo sois, acogidos con los brazos abiertos y con el corazón. 


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ABIERTO EL PLAZO DE INSCRIPCIÓN EN LA COFRADÍA



La Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud y Misericordia y Nuestra Señora de Gracia abre el plazo de inscripción para nuevos hermanos penitentes (nazarenos) con túnica propia o de alquiler, costaleros del Santísimo Cristo, costaleras de Nuestra Señora, cuerpo de ciriales, porta incensarios, porta estandartes y Cruz de Guía, Tercio Infantil  y promesas.

Para inscribirse solo tienen que enviar sus datos personales en la sección HAZTE HERMANO o en el correo Email:  Saludymisericordia@hotmail.com
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lunes, 7 de enero de 2013

VIDAS EJEMPLARES: SAN ANTÓN


Siguiendo con nuestro interés por formar a nuestros hermanos cofrades y seguidores del blog de la cofradía, queremos darle la importancia que tienen los  Santos y Santas que, según la costumbre católica, debemos venerar  y honrar.

Y que mejor forma de honrarlos que conociendo las vidas ejemplares de estos hombres, mujeres y niños que, de alguna manera ensalzaron la forma de vida cristiana y con ello alabaron a Dios con su ejemplo.

Queremos comenzar esta sección con la Vida Ejemplar de San Antonio Abad, mas conocido popularmente como San Antón, muy venerado en Alcantarilla cada 17 de enero.

Antonio nació en una población del alto Egipto, al sur de Menfis, el año 251. Se retiró a la soledad siguiendo el ejemplo de un anciano ermitaño de los alrededores. El trabajo manual, la oración y la lectura constituyeron en adelante su principal ocupación. A los 54 años de edad, hacia el año 305, abandonó su celda en la montaña y fundó un monasterio en Fayo.El monasterio consistía originalmente en una serie de celdas aisladas, pero no podemos afirmar con certeza que todas las colonias de ascetas fundadas por san Antonio estaban concebidas de igual manera. Más tarde, fundó otro monasterio llamado Pispir, cerca del Nilo.
San Antonio exhortaba a sus hermanos a preocuparse lo menos posible por su cuerpo, pero se guardaba bien de confundir la perfección, que consiste en el amor de Dios, con la mortificación. Aconsejaba a sus monjes que pensaran cada mañana que tal vez no vivirían hasta el fin del día, y que ejecutaran cada acción, como si fuera la última de su vida. “El demonio-decía- teme al ayuno, la oración, la humildad y las buenas obras, y queda reducido a la impotencia ante la señal de la cruz”.

Hacia el año 355, hizo un viaje a Alejandría a petición de los obispos para refutar a los arrianos. Ahí predicó la consustancialidad del Hijo con el Padre, acusando a los arrianos a confundirse con los paganos “que adoran y sirven a la creatura más bien que al Creador”, ya que hacían del Hijo de Dios una creatura.
Murió en el año 356, a la edad de 105 años. Parece que en 561, sus restos fueron descubiertos y trasladados a Alejandría, después a Constantinopla, y finalmente a Vienne de Francia. Las imagenes representan generalmente a San Antonio con una cruz en forma de T, una campanita, un cerdo, y a veces un libro. La liturgia bizantina invoca el nombre de San Antonio en la preparación eucarística, y el rito copto.
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jueves, 3 de enero de 2013

FORMACIÓN: UN HOMBRE LLAMADO JOSÉ





En estas fechas tan entrañables en la cuales la figura de Jesús recien nacido y de María como madre del Salvador toman el protagonismo, es justo recordar la historia de un hombre que lo dío todo por nuestro Señor y su divina Madre, que siguió los decretos del plan de Dios Todopoderoso y que, por el contrario, fué casí olvidado y se mantiene en un segundo plano. Hablamos de José de Nazaret. 



Hay que reconocer que san José no ha tenido mucha suerte que digamos en la transmisión que los siglos han hecho de su figura. Si nos preguntamos qué imagen surge en la mente del cristiano al oír el nombre del esposo de María, tenemos que respondernos que la de un viejo venerable, con rostro no excesivamente varonil, que tiene en sus manos una vara de nardo un tanto cursi. O quizá, como variante, la de un ebanista que, muy pulcro él, muy nuevos sus vestidos, se olvida de la garlopa, que tiene entre las manos, para contemplar en un largo éxtasis los juegos de su hijo que se entretiene haciendo cruces entre limpísimas virutas. Dos imágenes que, si Dios no lo remedia, van a durar aún algunos siglos, por mucho que la fornida idea de san José Obrero trate de desplazar tanta cursilería. Dos imágenes que, además, poco tienen que ver con la realidad histórica de José, el carpintero de Nazaret.

Al parecer, como los hombres somos mucho más «listos» que Dios, nos precipitamos enseguida a cubrir con nuestra mala imaginación lo que los evangelistas velaron con su buena seriedad teológica. Y así es como a José le dedican pocas lineas los evangelistas y cientos de páginas la leyenda dorada. Pero bueno será empezar por conocerla, aunque sólo sea para saber lo que José «no fue».

El José de la leyenda

La idea del José viejo y milagroso data de los primeros siglos. La encontramos en el escrito apócrifo titulado «Protoevangelio de Santiago» que Orígenes conocía ya en el siglo lll. Se trata de una obra deliciosa e ingenua, nacida sin duda de una mezcla de afecto piadoso y de afán de velar contra posibles herejías. ¿Había quien encontraba difícil de comprender un matrimonio virginal entre José y María? Pues se inventaba un José viudo y anciano que habría aceptado a María más como tutor que como esposo. Y se añadía todo el florero de milagros que ingenuamente inventan todos los que no han descubierto que el mayor milagro de la vida de Cristo es que sólo ocurrieron los imprescindibles.

APÓCRIFOS: Veamos cómo cuenta este primitivo texto apócrifo el matrimonio de José y María:

Se criaba María en el templo del Señor como si fuera una paloma y recibía el sustento de la mano de un ángel. Cuando tuvo doce años deliberaron los sacerdotes y dijeron: «He aquí que María ha cumplido doce años en el templo del Señor. ¿Qué haremos con ella para que no se mancille el santuario del Señor nuestro Dios?» Y dijeron al sumo sacerdote: «Tú estás en el altar del Señor; entra en el santuario y ruega por ella y haremos lo que te revele el Señor». El sumo sacerdote cogió el pectoral con las doce campanillas y se dirigió al Sancta Sanctorum y rogó por ella. Y he aquí que se presentó un ángel del Señor y le dijo: «Zacarías, Zacarías, sal y convoca a los viudos del pueblo; que traigan cada uno su cayado y a quien el Señor señale ése será su esposo». Salieron los heraldos por todo el territorio de Judea y resonaron las trompetas del Señor, y pronto concurrieron todos. San José arrojó su hacha y se apresuró a reunirse con ellos, y después de estar todos reunidos cogieron los cayados y fueron al sumo sacerdote.

Este cogió los cayados de todos, entró en el templo y oró. Después de haber terminado la oración, tomó los cayados, salió y se los entregó, y ninguna señal apareció en ellos. Pero cuando José cogió el último cayado, he aquí que una paloma salió de éste y voló a la cabeza de san José. Y dijo el sacerdote a san José: «Tú estás destinado por la suerte para tomar bajo tu protección a la Virgen del Señor» y san José contestó y dijo: «Tengo hijos, soy un hombre viejo; ella en cambio es joven, tengo miedo de parecer ridículo ante los hijos de Israel». Y dijo el sacerdote a san José: «Teme al Señor, tu Dios, y recuerda lo que hizo con Datán, Abirón y Coré, cómo abrió la tierra y fueron tragados por ella por su oposición. Y teme ahora a Dios, José, no vaya a ocurrir algo en tu casa». Y José temió y la tomó bajo su protección. Y dijo a María: «He aquí que te recibo del templo del Señor y te dejo ahora en mi casa y me voy a hacer mis trabajos y después vendré otra vez a donde ti; el Señor tendrá cuidado de ti mientras tanto.

¡Delicioso! Pero sin una sola palabra que se sostenga a la luz de la crítica y de la historia. Esos heraldos que pregonan por todo el país, esos cayados de los que salen palomas (en otras versiones simplemente la madera seca florece de repente) que se posan en la cabeza del elegido. 0Estamos en el reino de las hadas.

No menos curioso es el apócrifo titulado «Historia de José, el carpintero» y que data del siglo VI o VII. Esta vez el escritor, egipcio probablemente, nos cuenta nada menos que toda la vida de José... narrada por Jesús a sus discípulos en el huerto de los Olivos. En él se nos dice que José tuvo de su primer matrimonio cuatro hijos y dos hijas (y hasta se nos dan sus nombres: Judas, Justo, Jacobo, Simeón, Assia y Lidia) y que, viudo, tras 49 años de convivencia con su primera esposa, recibió a María, de 12 años, como si fuera una hija más. El apócrifo se extiende esta vez, sobre todo, en la muerte de José:

Pasaron los años y envejeció. Sin embargo no padecía ninguna enfermedad. Conservaba la luz de sus ojos y no perdió ni un diente de su boca. También conservó siempre la vitalidad de su espíritu. Trabajaba como un joven en la plenitud de su vigor, y sus miembros estaban sanos. Viviré durante ciento once años.

Pero un día le llegó la hora de morir. Era -dice el escritor- el 26 de abril. El detalle nos muestra el sentido de todo el escrito: su autor quiere defender una fecha concreta para la celebración de la fiesta de san José. Pero, una vez puesto a demostrarlo, rodea de ternísimos detalles -siempre en la boca de Cristo la muerte del anciano:

Yo me senté a sus pies y le contemplaba. Tuve sus manos entre las mías durante toda una hora. Dirigió hacia mi su rostro y me indicó que no le abandonara. Acto seguido puse mi mano sobre su pecho y me di cuenta de que su alma iba en seguida a dejar su morada...

Vinieron entonces Miguel y Gabriel, recibieron el alma de mi padre José y la cubrieron de luminosos vestidos. Le cerré los ojos con mis propias manos y cerré su boca. Y dije a José: «No te invadirá ningún olor a cadáver ni saldrá de tu cuerpo gusano alguno. Nada de tu cuerpo se corromperá, padre mío, sino que permanecerá integro e incorruptible hasta el ágape milenario.

El silencio respetuoso del evangelio

La fábula es hermosa, pero tendremos que olvidarla para tratar de acercarnos a la realidad. Y la realidad es que el evangelio -en expresión de Rops- rodea su figura de sombra, de humildad y de silencio: se le adivina, más que se le ve. Nada sabemos de su patria. Algunos exegetas se inclinan a señalar Belén. Otros prefieren Nazaret. De Belén descendían posiblemente sus antepasados.

Nada sabemos tampoco de su edad. Los pintores, siguiendo a la leyenda, le prefieren adulto o anciano. Un especialista como Franz Jantsch sitúa a José, a la hora de su matrimonio, entre los 40 ó 50 años, aun rechazando la idea de la ancianidad. Pero dada la brevedad de la vida en aquel siglo y aquel país, los cuarenta o cincuenta hubieran sido una verdadera ancianidad.

Al otro extremo se va Jim Bishop que pone a José con 19 años. Lo más probable es que tuviera algunos años más que María y que se desposara con ella en torno a los 25, edad muy corriente para los jóvenes que se casaban en aquel tiempo.

¿Era realmente carpintero? Otra vez la oscuridad. La palabra griega tecton habría que traducirla, en rigor, como «artesano», sin mayores especificaciones. A favor de un trabajo de carpintería estaría la antigüedad de la tradición (san Justino nos dice que construía yugos y arados, y en la misma linea escriben Orígenes, san Efrén y san Juan Damasceno) y el hecho de que ningún apócrifo le atribuya jamás otro oficio. Hasta la edad media no aparecen los autores que le dicen herrero (san Isidoro de Sevilla entre otros). Pero ninguna prueba decisiva señala con precisión el oficio de José.

Algo puede aclararnos el hecho de que en la época de Cristo en Palestina escaseaba la madera. No había sino los famosos cedros, que eran pocos y propiedad de ricos, palmeras, higueras y otros frutales. Como consecuencia muy pocas cosas eran entonces de madera. Concretamente, en Nazaret las casas o eran simples cuevas excavadas en la roca o edificaciones construidas con cubos de la piedra caliza típica del lugar (tan blanda que se cortaba con sierras). En los edificios la madera se reducía a las puertas y muchas casas no tenían otra puerta que una gruesa cortina.

No debía, pues, ser mucho el trabajo para un carpintero en un pueblo de no más de cincuenta familias. Preparar o reparar aperos de labranza o construir rústicos carros. Los muebles apenas existían en una civilización en que el suelo era la silla más corriente y cualquier piedra redonda la única mesa. Evidentemente la carpintería no era un gran negocio en el Nazaret de entonces.

Habría que empezar a pensar que la verdadera profesión de José era lo que actualmente denominaríamos «sus chapuzas». Todo hace pensar que sus trabajos eran encargos eventuales que consistían en reparar hoy un tejado, mañana en arreglar un carro, pasado en recomponer un yugo o un arado. Sólo dos cosas son ciertas: que trabajaba humildemente para ganarse la vida y que se la ganaba más bien mal que bien.

Su matrimonio con María

Este es el hombre que Dios elige para casarse con la madre del Esperado. Y lo primero que el evangelista nos dice es que María estaba desposada con él y que antes de que conviviesen (Mt 1, 18) ella apareció en estado. Nos encontramos ya aquí con la primera sorpresa: ¿Cómo es que estando desposada no habían comenzado a convivir? Tendremos que acudir a las costumbres de la época para aclarar el problema.

El matrimonio en la Palestina de aquel tiempo se celebraba en dos etapas: el «quiddushin» o compromiso y el «nissuin» o matrimonio propiamente tal. Como es habitual en muchos pueblos orientales son los padres o tutores quienes eligen esposo a la esposa y quienes conciertan el matrimonio sin que la voluntad de los contrayentes intervenga apenas para nada. María y José se conocerían sin duda (todos se conocen en un pueblecito de cincuenta casas) pero apenas intervinieron en el negocio. Y uso la palabra «negocio» porque es lo que estos tratos matrimoniales parecían. Los padres o tutores de los futuros desposados entablaban contactos, discutían, regateaban, acordaban. Ambas familias procuraban sacar lo más posible para el futuro de sus hijos.


Pero no parece que en este caso hubiera mucho que discutir. José pudo aportar sus dos manos jóvenes y, tal vez como máximo, sus aperos de trabajo. María -aparte de su pureza y su alegría- pondría, como máximo, algunas ropas y muebles o útiles domésticos. Los tratos preliminares concluían con la ceremonia de los desposorios que se celebraba en la casa de la novia. Amigos y vecinos servían de testigos de este compromiso que, en rigor, tenia toda la solidez jurídica de un verdadero matrimonio. «He aquí que tú eres mi prometida» decía el hombre a la mujer, mientras deslizaba en su mano la moneda que simbolizaba las arras. «He aquí que tú eres mi prometido» respondía la mujer, que pasaba a ser esposa de pleno derecho. Con el nombre de «esposa de fulano» se la conocía desde entonces. Y, si el novio moría antes de realizarse el verdadero matrimonio, recibía el nombre de «viuda». La separación sólo con un complicado divorcio podía realizarse. Los desposorios eran, pues, un verdadero matrimonio. Tras ellos podían tener los novios relaciones intimas y el fruto de estas relaciones no era considerado ilegitimo, si bien en Galilea la costumbre era la de mantener la pureza hasta el contrato final del matrimonio.

Este solía realizarse un año después y era una hermosa fiesta. Un miércoles -día equidistante entre dos sábados- el novio se dirigía, a la calda de la tarde, hacia la casa de su prometida, llevando del ronzal un borriquillo ricamente enjaezado. Las gentes se asomaban a las puertas y, en las grandes ciudades, se agolpaban en las ventanas. En su casa esperaba la novia rodeada de sus amigas, todas con sus lámparas encendidas. La novia vestía de púrpura, ajustado el vestido con el cinturón nupcial que la víspera le habla regalado el novio. Perfumada con ungüentos preciosos, lucia la muchacha todas sus joyas: brazaletes de oro y plata en muñecas y tobillos, pendientes preciosos. La mujer recibía al hombre con los ojos bajos. Este la acomodaba sobre el asno que luego conducirla de la brida. En el camino grupos de niños arrojaban flores sobre los desposados. Sonaban flautas y timbales y, sobre las cabezas de los novios, los amigos agitaban arcos de palmas y ramos de olivo. Cantaba por la calle la novia. En sus cantos hablaba a sus amigas de su felicidad. El cortejo y los amigos del esposo cantaban también, elogiando las virtudes de los desposados. Ya en la casa del novio, un sacerdote o un anciano leía los textos que hablaban de los amores de Sara y Tobías. Y el vino completaba la alegría de todos.

María y José, en el silencio de Dios

María y José vivieron sin duda todas estas ceremonias. Pero, para ellos, entre la primera y la segunda, ocurrió algo que trastornó sus vidas y que dio un especialísimo sentido a este matrimonio. María y José iban a cruzar ese tremendo desierto que los modernos llamamos «el silencio de Dios». Son esos «baches» del alma en los que parece que todo se hundiera. Miramos a derecha e izquierda y sólo vemos mal e injusticia. Salimos fuera de nuestras almas y contemplamos un mundo que se destruye, las guerras que no cesan, los millones de hambrientos. Incluso en el mundo del espíritu no vemos sino vacilación. Ni la propia Iglesia parece segura de si misma.

Nos volvemos, entonces, a Dios y nos encontramos con un muro de silencio. ¿Por qué Dios no habla? ¿Por qué se calla? ¿Por qué nos niega la explicación a que tenemos derecho? Hemos dedicado a él lo mejor de nuestra vida, creemos tener la conciencia tranquila... ¡Mereceríamos una respuesta! Pero él permanece callado, horas y horas, días y días.

Alguien nos recuerda, entonces, la frase del libro de Tobías: Porque eras grato a Dios, era preciso que la tentación te probara (Tob 2, 12) ¿Por ser grato a Dios? ¿Precisamente por serle grato? La paradoja es tan grande que nos parece un bello consuelo sin sentido. Pero es el único que nos llega, porque Dios continúa callado, sin concedernos esa palabra suya que lo aclararía todo.

Dios niega este consuelo a sus mejores amigos escribe Moeller y la Biblia lo testimonia largamente. Todos, todos han pasado alguna vez por ese amargo desierto del «silencio de Dios». Es lo que ahora van a vivir María y José.

Ella habla partido hacia Ain Karim a mitad del año entre la ceremonia de los desposorios y el matrimonio propiamente tal. Había pedido permiso a José para ausentarse, pero no había dado demasiadas explicaciones. Tampoco José las había pedido: era natural que le gustara pasar unas semanas con su prima y mucho más si sabia o sospechaba que Isabel esperaba un niño.

Algo más extraña resultó la vuelta precipitada de María. Aunque los exegetas no están de acuerdo. los textos evangélicos parecen insinuar que volvió a Nazaret faltando algunos días o semanas para el nacimiento de Juan. Al menos, nada dicen de una presencia de María en los días del alumbramiento. ¿A qué vienen ahora estas prisas? ¿No era normal que acompañase a su prima precisamente en los días en que más podía necesitarla?

Esta prisa obliga a pensar que o faltaba poco tiempo para la ceremonia del matrimonio de María o, más probablemente, que los síntomas de la maternidad empezaban a ser ya claros en ella y no quiso que José se enterase de la noticia estando ella fuera.

Regresó, pues, a Nazaret y esperó, esperó en silencio. No parece en absoluto verosímil que María contase como apunta Bishop su estado a José. Los evangelios insinúan un silencio absoluto de María. San Juan Crisóstomo en una homilía de prodigioso análisis psicológico trata de investigar el por qué de este silencio:

Ella estaba segura de que su esposo no hubiera podido creerla si le contara un hecho tan extraño. Temía, incluso, excitar su cólera al dar la impresión de que ella trataba de cubrir una falta cometida. Si la Virgen había experimentado una extrañeza bien humana al preguntar cómo ocurriría lo que anunciaba el ángel, al no conocer ella varón, cuánto más habría dudado José, sobre todo si conocía esto de labios de una mujer, que por el mismo hecho de contarlo, se convertía en sospechosa.

No, era algo demasiado delicado para hablar de ello. Además ¿qué pruebas podía aportar María de aquel misterio que llenaba su seno sin intervención de varón? Se calló y esperó. Esta había sido su táctica en el caso de Isabel y Dios se habla anticipado a dar las explicaciones necesarias. También esta vez lo haría. Seguía siendo asunto suyo.


La noche oscura de José

¿Cómo conoció José el embarazo de María? Tampoco lo sabemos. Lo más probable es que no lo notara al principio. Los hombres suelen ser bastante despistados en estas cosas. Lo verosímil es pensar que la noticia comenzó a correrse entre las mujeres de Nazaret y que algunas de ellas, entre pícara e irónica, felicitó a José porque iba a ser padre.

Ya hemos señalado que nadie pudo ver un pecado en este quedar embarazada María -de quien ya era su marido legal, pensarían todos- antes de la ceremonia matrimonial. No era lo más correcto, pero tampoco era un adulterio. Nadie se rasgaría, pues, las vestiduras, pero no faltarían los comentarios picantes. En un pueblo diminuto, el embarazo de María era una noticia enorme y durante días no se hablaría de otra cosa en sus cincuenta casas. Para José, que sabía que entre él y María no había existido contacto carnal alguno, la noticia tuvo que ser una catástrofe interior. Al principio no pudo creerlo, pero luego los signos de la maternidad próxima empezaron a ser evidentes. No reaccionó con cólera, sino con un total desconcierto. La reacción normal en estos casos es el estallido de los celos. Pero José no conocía esta pasión que los libros sagrados describen implacable y dura como el infierno. El celoso -decía el libro de los Proverbios- es un ser furioso. no perdonará hasta el día de la venganza (Prov 6, 34).

En José no hay ni sombra de deseos de venganza. Sólo anonadamiento. No puede creer, no quiere creer lo que ven sus ojos. ¿Creyó José en la culpabilidad de su esposa? San Agustín, con simple realismo, dice que sí: la juzgó adúltera. En la misma línea se sitúan no pocos padres de la Iglesia y algunos biógrafos. Pero la reacción posterior de José está tan llena de ternura que no parece admitir ese pensamiento.

Lo más probable es que José pensara que María había sido violada durante aquel viaje a Ain Karim. Probablemente se echó a sí mismo la culpa por no haberla acompañado. Viajar en aquellos tiempos era siempre peligroso. Los caminos estaban llenos de bandoleros y cualquier pandilla de desalmados podía haber forzado a su pequeña esposa. Esto explicaría mucho mejor el silencio en que ella se encerraba. Por otro lado, la misteriosa serenidad de María le desconcertaba: no hubiera estado así de haber sido culpable su embarazo, se hubiera precipitado a tejer complicadas historias. El no defenderse era su mejor defensa.

¿Pudo sospechar José que aquel embarazo viniera de Dios? Algunos historiadores así lo afirman y no falta quien crea que esta sospecha es lo que hacía temblar a José que, por humildad, no se habría atrevido a vivir con la madre del futuro Mesías. La explicación es piadosa pero carece de toda verosimilitud. Las profecías que hablaban de que el Mesías nacería de una virgen no estaban muy difundidas en aquella época y la palabra «almah» que usa el profeta Isaías se interpretaba entonces simplemente como «doncella». Por lo demás, ¿cómo podía imaginar José una venida de Dios tan sencilla? Lo más probable es que tal hipótesis no pasara siquiera por la imaginación de José antes de la nueva aparición del ángel. Sobre todo habiendo, como había, explicaciones tan sencillas y normales como la violación en el camino de Ain Karim.

Pero el problema para José era grave. Es evidente que él amaba a María y que la amaba con un amor a la vez sobrenatural y humano. Tenemos un corazón para todos los usos, ha escrito Cabodevilla. Si la quería, no le resultaba difícil perdonarla y comprenderla. Un hombre de pueblo comprende y perdona mucho mejor que los refinados intelectuales. La primera reacción de José tuvo que ser la de callarse. Si María había sido violada bastante problema tendría la pobrecilla para que él no la ayudara a soportarlo.

Mas esta solución tampoco era simple. José, dice el evangelista, era «justo» (Mt 1, 19). Esta palabra en los evangelios tiene siempre un sentido: cumplidor estricto de la ley. Y la ley mandaba denunciar a la adúltera. Y, aun cuando ella no fuera culpable, José no podía dar a la estirpe de David un hijo ilegítimo. Y el que María esperaba ciertamente parecía serlo.

Si José callaba y aceptaba este niño como si fuera suyo, violaba la ley y esto atraería castigos sobre su casa, sobre la misma María a quien trataba de proteger. Este era el «temor» del que luego le tranquilizaría el ángel.

Pero, si él no reconocía este niño como suyo, el problema se multiplicaba. María tendría que ser juzgada públicamente de adulterio y probablemente sería condenada a la lapidación. Esta idea angustió a José. ¿Podría María probar su inocencia? Su serenidad parecía probar que era inocente, pero su silencio indicaba también que no tenía pruebas claras de esa inocencia. José sabía que los galileos de su época eran inflexibles en estas cosas. Quizá incluso había visto alguna lapidación en Nazaret, pueblo violento que un día querría despeñar a Jesús en el barranco de las afueras del pueblo. José se imaginaba ya a los mozos del pueblo arrastrando a María hasta aquel precipicio. Si ella se negaba a tirarse por él, sería empujada por la violencia. Luego la gente tomaría piedras. Si la muchacha se movía después de la caída, con sus piedras la rematarían. Dejarían luego su cuerpo allí, para pasto de las aves de rapiña.

No podía tomarla, pues. Denunciarla públicamente no quería. ¿Podría «abandonarla» en silencio? Entendida esta palabra «abandonarla» en sentido moderno, habría sido la solución más sencilla y la más coherente en un muchacho bueno y enamorado: un día desaparecería él del pueblo; todas las culpas recaerían sobre él; todos pensarían que él era un malvado que había abandonado a María embarazada. Así, nadie sospecharía de ella, ni del niño que iba a venir. Pero ni este tipo de abandonos eran frecuentes entonces, ni la palabra «abandonar» que usa el evangelista tiene ese sentido. En lenguaje bíblico «abandonar» era dar un libelo legal de repudio. Probablemente, pues, era esto lo que proyectaba José: daría un libelo de repudio a María, pero en él no aclararía la causa de su abandono. De todos modos tampoco era sencilla esta solución y no terminaba de decidirse a hacerlo.

¿Cuánto duró esta angustia? Días probablemente. Días terribles para él, pero aún más para ella. ¡Dios no hablaba! ¡Dios no terminaba de hablar! Y a María no le asustaba tanto la decisión que José pudiera tomar, cuanto el dolor que le estaba causando. Ella también le quería. Fácilmente se imaginaba el infierno que él estaba pasando.

Y los dos callaban. Callaban y esperaban sumergidos en este desgarrador silencio de Dios. Su doble pureza hacia más hondas sus angustias. Seres abiertos a lo sobrenatural aceptaban esto de ser llevados de la mano por el Eterno. ¡Pero este caminar a ciegas! ¡Este verse él obligado a pensar lo que no quería pensar! ¡Este ver ella que Dios inundaba su alma para abandonarla después a su suerte! Difícilmente ha habido en la historia dolor más agudo y penetrante que el que estos dos muchachos sintieron entonces. ¡Y no poder consultar a nadie, no poder desahogarse con nadie! Callaban y esperaban. El silencio de Dios no seria eterno.

El misterio se aclara con un nuevo misterio

No lo fue. No habla llegado José a tomar una decisión cuando en sueños se le apareció un ángel del Señor (Mt 1, 20). En sueños: si el evangelista estuviera inventando una fábula habría rodeado esta aparición de más escenografía. No hubiera elegido una forma tan simple, que se presta a que fáciles racionalismos hicieran ver a José como un soñador. Pero Dios no usa siempre caminos extraordinarios. En el antiguo testamento era frecuente esta acción de Dios a través del sueño. Entre sueños, con visiones nocturnas -decía el libro de Job- abre Dios a los hombres los oídos y los instruye y corrige (Job 4, 13). Era además un sueño preñado de realidad. Difícilmente se puede decir más de lo que el ángel encierra en su corto mensaje. Comienza por saludar a José como «hijo de David» (Mt 1, 20), como indicándole que cuanto va a decirle le afecta no sólo como persona, sino como miembro de toda una familia que en Jesús queda dignificada. Pasa después a demostrar a José que conoce todo cuanto estos días está pasando: No temas en recibir a María (Mt 1, 20). Dirige sus palabras al «justo», al cumplidor de la ley. No temas, al recibir a María no recibes a una adúltera, no violas ley alguna. Puedes recibir a María que es «tu esposa» y que es digna de serlo pues lo concebido en ella es obra del Espíritu santo. Son palabras gemelas a las que usara con María. Y contenían lo suficiente para tranquilizar a José. Dará a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. (Mt 1, 21). El mensaje se dirige ahora a José. como diciéndole: aunque tú no serás su padre según la carne, ejercerás sobre él los verdaderos derechos del padre. simbolizados para los hebreos en esta función de ponerle nombre. El nombre tiene en el mundo bíblico mucha mayor importancia que entre nosotros. Casi siempre posee un sentido que trata de definir la vida de quien lo lleva. Y el cambio de nombre adquiere siempre en el antiguo testamento el doble sentido de una «elección» y de una especial «misión». El nombre es, en cierto modo, la primera revelación de Dios sobre el hombre.

Y el nombre que el ángel dice no carece de sentido, es un tesoro inagotable, comenta san Juan Crisóstomo. Se llamará Jesús (Ya-chúa, en hebreo) es decir: «Yahvé salva». Este nombre de «salvador» se aplica a Dios unas cien veces en el antiguo testamento. Dios es mi salvador, viviré lleno de confianza y no temeré (Is 12, 2). Cuán hermosos son los pies de aquel que pregona la salvación (Is 52, 7).

El ángel anuncia así que Jesús traerá lo que el hombre más necesita, lo que sólo Dios puede dar, lo más que Dios puede dar al hombre: la salvación. Salvación, en primer lugar, para su pueblo, para Israel. Habla el ángel a José de lo que mejor puede entender, de lo que más esperaba un judío de entonces. En su hijo se cumplirá aquello que anunciaba el salmo 130: Espera, oh Israel, en el Señor. Porque en el Señor hay misericordia y salvación abundante. El redimirá algún día a Israel de todas sus iniquidades.

Aún es más fecundo el mensaje del ángel: puntualiza en qué consistirá esa salvación. El pueblo -explica el comentario de san Juan Crisóstomo- no será salvado de sus enemigos visibles, ni de los bárbaros, sino de algo más importante. del pecado. Y esto nadie podía haberlo hecho antes de Jesús. Parece que el evangelista tuviera prisa por señalar el eje de la misión de Cristo, salvador, sí, de todos los males, liberador, si, del hombre entero, pero salvador de todo porque atacaría a la raíz de todo, a la última causa de todo mal: los pecados. No venia a dar una batalla directa contra el hambre en el mundo, ni contra la dominación romana, ni contra la divinización humana que incluía la cultura helenística. Venia a dar la batalla contra todo pecado que corrompe el interior del hombre, sabiendo, eso si, que en ella quedarían también incluidas la lucha contra el hambre, la opresión, la idolatría de la inteligencia. Venía a cambiar al hombre, sabiendo que, cuando el hombre fuera mejor, sería también más feliz.

El ángel ha concluido ya su mensaje. Pero el evangelista aún tiene algo que añadir. Mateo se ha propuesto como fin fundamental de su evangelio mostrar a sus contemporáneos cómo se realizan en Cristo todas las profecías que anunciaban al Mesías y aquí nos señala cómo en este misterioso nacimiento se realizan las palabras de Isaías: He aquí que una virgen concebirá y parirá un hijo... (Mt 1, 23). Estas palabras que son tan importantes para nosotros, no lo eran tanto para los contemporáneos y antecesores de Cristo, por la simple razón de que no lograban entenderlas. Las escuelas judías apenas comentaban este oráculo y no solían referirlas al Mesías. Esperaban la venida de este enviado revestido de poder y de majestad: mal podían imaginarle a través de un bebé que nace de un ser humano. Pensaban en la llegada de un vencedor adulto, nadie hablaba de su posible nacimiento. Menos aun podían intuir un nacimiento virginal y misterioso. La palabra que nosotros traducimos por «Virgen» (almah, en hebreo) la traducían simplemente por «doncella», «jovencita». Sólo José aquella noche comenzó a vislumbrar el sentido de esa palabra y entendió que a él se le aclaraba el rompecabezas de su espíritu. Ahora todo cuadraba: la pureza incuestionable de su esposa, la misteriosa serenidad de ella, su vocación personal. Ahora supo por qué quería a María y, al mismo tiempo, no la deseaba; por qué su cariño era casi sólo respeto. Entendía cómo podían unirse ideas tan opuestas como «virginidad» y «maternidad»; cómo él podía ser padre sin serlo, cómo aquel terrible dolor suyo de la víspera había sido maravillosamente fecundo.

¿Temió, por un momento, que todo hubiera sido un sueño, una «salida» que se buscaba su subconsciente para resolver el problema? Tal vez sí lo temió. Pero, cuanto más reflexionaba, mas se daba cuenta de que aquello sólo podía ser obra de Dios. ¿Cómo iba a haber inventado él aquel prodigio de un embarazo obrado por Dios que, despierto, ni hubiera podido pasar por su imaginación? Una idea así le hubiera parecido una blasfemia. Pero ahora veía que era posible. Que no sólo era posible, sino que en ella se realizaban las profecías que antes no había podido comprender. No, no era un sueño.

Sintió deseos de correr y abrazar a María. Lo hizo apenas fue de día. Y a ella le bastó ver su cara para comprender que Dios había hablado a José como antes lo habla hecho con Isabel. Ahora podían hablar ya claramente, confrontar sus «historias de ángeles», ver que todo cuadraba, «entender» sus vidas, asustarse de lo que se les pedía y sentir la infinita felicidad de que se les pidiese. Comprendían su doble amor virginal y veían que esta virginidad en nada disminuía su verdadero amor. Nunca hubo dos novios más felices que María y José paseando aquel día bajo el sol.

Un destino cambiado

Pero no sólo alegría. También miedo y desconcierto. Cuando José volvió a quedarse solo comenzó a sentir algo que sólo podía definirse con la palabra «vértigo». Sí, hablan pasado los dolores y las angustias, se había aclarado el problema de María, pero ahora descubría que todo su destino habla sido cambiado. El humilde carpintero, el muchacho simple que hasta entonces habla sido, acababa de morir. Nacía un nuevo hombre con un destino hondísimo.

Como antes María, descubría ahora José que embarcarse en la lancha de Dios es adentrarse en su llamarada y sufrir su quemadura. Tuvo miedo y debió de pensar que hubiera sido mas sencillo si todo esto hubiera ocurrido en la casa de enfrente. Un poeta -J. M. Valverde- ha pintado minuciosamente lo que José debió de sentir aquella tarde, cuando se volvió a quedar solo:



¿Por qué hube de ser yo? Como un torrente 
de cielo roto, Dios se me caía 
encima: gloria dura, enorme, haciéndome 
mi mundo ajeno y cruel: mi prometida 
blanca y callada, de repente oscura 
vuelta hacia su secreto, hasta que el ángel 
en nívea pesadilla de relámpagos, 
me lo vino a anunciar:
el gran destino 
que tan bello sería haber mirado 
venir por otra calle de la aldea...

¿Y quién no preferiría un pequeño destino hermoso a ese terrible que pone la vida en carne viva? Todos los viejos sueños de José quedaban rotos e inservibles.

Nunca soñé con tanto. Me bastaban 
mis días de martillo, y los olores 
de madera y serrín, y mi María 
tintineando al fondo en sus cacharros.
Y si un día el Mesías levantaba 
como un viento el país, yo habría estado 
entre todos los suyos, para lucha 
oscura o para súbdito. Y en cambio 
como un trozo de monte desprendido 
el Señor por mi casa, y aplastada 
en demasiada dicha mi pequeña 
calma, mi otra manera de aguardarse.

Pero aún había más: la venida del Dios tonante ni siquiera era tonante en lo exterior. Dios estaba ya en el seno de María y fuera no se notaba nada. Solamente -dirá el mismo poeta- más la sobre María, más lejano el fondo de sus ojos. Sólo eso, ni truenos en el aire, ni ángeles en la altura. El trabajo seguía siendo escaso, los callos crecían en las manos, el tiempo rodaba lentamente. Sólo su alma percibía el peso de aquel Dios grande y oscuro a la vez. «Quizá -pensó- cuando el niño nazca termine por aclararse todo».


J. L. MARTÍN DESCALZO
VIDA Y MISTERIO DE JESÚS DE NAZARET I
Edic. Sígueme. Madrid- 1987.Págs. 99-111
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NOTICIAS: CERRADO EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN DE LOS MÁRTIRES MURCIANOS DE LA GUERRA CIVIL





FINAL DE LA FASE DIOCESANA DEL PROCESO DE BEATIFICACIÓN DE JOSÉ GÓMEZ LLOR Y LIV COMPAÑEROS MÁRTIRES

El pasado sábado 1 de diciembre, a las 11 de la mañana, tuvo lugar en la Catedral de Murcia la clausura de la fase diocesana del Proceso de Beatificación de los mártires que dieron su vida durante la Guerra Civil Española. Se trata de sacerdotes, seminaristas, religiosos y laicos, de toda nuestra geografía.

En este acto, presidido por nuestro Obispo D. José Manuel, y que contó con la presencia de numerosos familiares de los mártires, todas las personas implicadas en este proceso (postulador, vicepostuladores, juez, comisión histórica….) dieron cuenta de sus investigaciones sobre estos fieles cristianos, sus escritos y testimonios de quienes les conocían o habían oído hablar de ellos, y en algún caso, de gente que presenció el martirio. Con la mano en el Evangelio, declararon que D. José Gómez Llor y sus cincuenta y cuatro compañeros cumplían con todos los requisitos para ser considerados mártires, es decir, testigos de Cristo.

A continuación, todos los documentos elaborados en este proceso fueron introducidos en varias cajas, que se sellaron y lacraron para, posteriormente, ser enviadas a la Congregación para la Causa de los Santos, en Roma.

Tras este acto, tuvo lugar una Eucaristía de Acción de Gracias, presidida por el Sr. Obispo y concelebrada por gran cantidad de sacerdotes. A ella asistieron los Seminarios Diocesanos: el Misionero Redemptoris Mater, el Seminario Menor de San José, con la beca morada y el Seminario Mayor de San Fulgencio, que dirigieron los cantos de la celebración.

Tuvo toda la mañana un ambiente festivo y de profunda admiración hacia estas personas que derramaron su sangre por amor a Jesucristo.

Damos gracias a Dios que nos posibilita el poder acercarnos al conocimiento de sus vidas ejemplares. Estos siervos de Dios, por su amor, estarán disfrutando de la presencia del Padre e intercediendo por nosotros.

Según testimonios e informes de la época, muchos fueron torturados antes de su muerte por apuñalamiento o por disparos de bala. Está documentado que alguna de las víctimas fue enterrado vivo, a otros les arrancaron los ojos, les cortaron las orejas o los arrastraron por la ciudad, como es el caso del P. Sotero González Lerma, párroco del Carmen, a quien también colgaron de la fachada de la iglesia y prendieron fuego.


CON NOMBRES Y APELLIDOS
Los sacerdotes asesinados en Cartagena son: José Gómez Llor, José Alfaro Rivas, Patricio Aliaga Rubio, Francisco Ballester Úbeda, Juan Bernal Bernal, Miguel Coronel Bermejo, Sebastián Coronel Bermejo, Agustín Delgado Macián, Antonio Ferra Martínez, Antonio Gallego Alvarado, José García Mercader, Sotero González Lerma, Juan González Rodríguez, Manuel Guzmán Nicolini, Antonio Hernández Ruiz, Ginés Hurtado Lorente, Emilio Illán Jiménez, Andrés López Cutanda, Víctor Lledo Martínez, José Macho Carrasco, José Marín Alonso, Domingo Marín Navarro, Martín Martínez Carrión, Fernando Martínez Gea, José Martínez-Fortún Martínez, Antonio Martínez Urios, Antonio Pascual Navarro, Pedro José Pérez Ruiz, Antonio Pujante Alcaraz, Pedro Quirós Ródenas, Enrique Sánchez Guillén, Francisco Soler Espinosa, José Antonio Tudela Mulero, José Valera Caravaca y Macedonio Vidal Herreno.
Los sacerdotes diocesanos asesinados en otras diócesis que podrían ser canonizados son: Antonio Marco Sánchez y Matías Martínez Garrido.
Los seminaristas propuestos son: José Espinosa Martínez, Antonio García Estañ, José Sánchez Fernández y José María Vidal Monreal.
En la lista figuran los ermitaños Juan López Soto y Manuel Orenes Costa, ambos Hermanos de la Luz asesinados en Cartagena.
Los laicos cuya causa ha sido abierta son: José Castaño Capel, Francisco Coronel Bermejo, Ángel Guirao Girada, Andrés López López, Francisco Luis Pérez-Miravete y Pascual de Riquelme, Ángel Romero Elorriaga, José Sánchez Martínez, José Sánchez Pozuelo, José Antonio López Hernández, José López Hernández, Agustín López Hernández, Pedro Cutillas Sánchez, Francisco Espinosa Gálvez.

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miércoles, 2 de enero de 2013

NUEVA SECCIÓN: FORMACIÓN COFRADE



En este nuevo curso 2013, nuestra cofradía quiere establecer una sección dedicada a la Formación Religiosa y Cofrade.

Como marcan nuestros Estatutos, debemos dar importancia a la formación Cristiana Católica para lo cual colgaremos en el blog diferentes artículos de interés, como pueden ser explicación de ritos sagrados, vidas de Santos  que nos pueden ayudar a encontrar nuestro camino, tradiciones católicas, piedad popular o formación cofrade.

También queremos en este año dar cabida a tertulias y charlas que nos puedan ayudar a formarnos como Cristianos y como Hermanos de la Cofradía.

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martes, 1 de enero de 2013

FORMACIÓN: PORQUE SE VISTEN LAS IMÁGENES DE LA VIRGEN


La forma de vestir las imágenes de la Virgen, ya sea de gloria, ya sea dolorosa,ha ido cambiando a lo largo de los tiempos, influenciada también por las costumbres y la idiosincracia del lugar en donde esten ubicadas.
Esto queda bien reflejado, tanto en pinturas de las diferentes épocas como en imágenes. La Historia del Arte está llena de estas manifestaciones e iconos mariológicos.


La forma de vestir las imágenes de la Virgen, ya sea de gloria, ya sea dolorosa,ha ido cambiando a lo largo de los tiempos, influenciada también por las costumbres y la idiosincracia del lugar en donde esten ubicadas.

Esto queda bien reflejado, tanto en pinturas de las diferentes épocas como en imágenes. La Historia del Arte está llena de estas manifestaciones e iconos mariológicos.

Quizá alguna vez nos hayamos preguntado que de dónde viene ese gusto por los mantos, los brocados o bordados y ese rostro que enmarca la cara de la Virgen.

Vamos a remontarnos a la época de la corte de Felipe II, concretamente en la de sus esponsales con la princesa Isabel de Francia.
Isabel de Francia trajo a la corte española un cuadro en el que se representaba una Virgen de la Soledad. Gaspar Becerra , simulando esta imagen , labró una de candelero, tal y como se nos presentan hoy dia, aunque tal vez su tamaño fuera menor que el natural.

Las reinas y emperatrices siempre han tenido a su servicio una serie de damas de la nobleza que las atendían en el arreglo personal y de los cuidados de sus joyas y ropajes. Son las denominadas camareras, dentro de las cuales se establecían una serie de rangos.
La camarera mayor de la reina Isabel (condesa viuda de Ureña) quiso ataviar dicha imagen a su semblanza, es decir, como una viuda de la aristocracia de la época, regalándole un vestido suyo.

¿Cómo era el traje de una viuda aristócrata del siglo XVI?

Se componía de falda negra y especie de semicirculo de paño denominado mantilla, el cuál caia hasta la cintura. Sobre esto, estas damas viudas se ponían un velo blanco que caía por detras hasta abajo. Y por supuesto encima un manto o capa negros.

Para entender mejor esté artículo podéis ver el siguiente vídeo con la historia del comienzo de está bella tradición.


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FORMACIÓN: HISTORIA Y LEYENDA DE LOS REYES MAGOS







Los Reyes Magos (también conocidos como los Reyes Magos de Oriente) el nombre por el que la tradición denomina a los visitantes (tres según la consideración más extendida) que, tras el nacimiento de Jesús, habrían acudido desde países extranjeros para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica: oro, incienso y mirra. El evangelio sólo habla de magos, en ninguna parte se indica que fuesen reyes. Esta creencia apareció varios siglos después y se ha mantenido en la tradición popular.

Tampoco se mencionan sus nombres en el evangelio. Estos «magos», según la creencia católica, eran representantes de religiones paganas de pueblos vecinos que el Evangelio ve como las primicias de las naciones que aceptan, por la Encarnación, la Buena Nueva de la salvación.

En algunos países (normalmente hispanohablantes) existe la tradición de representar a los reyes trayendo los regalos que los niños les han pedido en sus cartas durante la noche anterior a la Epifanía.

Pero en otros países se le llama “Pesebre” a toda esta representación. La palabra «Mago», proviene del elamita (Ma-ku-ish-ti) que pasando por el persa (Ma-gu-u-sha) y por el acadio (Ma-gu-shu) llegó al griego como Μαγός (Magós, plural: μαγοι, magï) y de ahí al latín Magi (Cf. Magíster) de donde llegó al español.

Eran los miembros de la casta sacerdotal medo-persa de la época aqueménide y durante todo el reinado de Darío el Medo (521-486 a. C La figura católica de los Reyes Magos tiene su origen en los relatos del nacimiento de Jesús, algunos, fueron integrados de los evangelios canónicos que hoy conforman el Nuevo Testamento de la Biblia.

Concretamente el Evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona a unos magos (aunque no especifica los nombres, el número ni el título de “Reyes”) quienes, tras seguir una supuesta estrella, buscan al «Rey de los Judíos que ha nacido» en Jerusalén, guiándoles dicha estrella hasta Jesús nacido en Belén, y a quien ofrecen ofrendas de oro, incienso y mirra. Las tradiciones antiguas que no fueron recogidas en la Biblia, como por ejemplo el llamado Evangelio del Pseudo Tomás (o Evangelios de la infancia de Tomás) del siglo II, son sin embargo más ricas en detalles.

En ese mismo evangelio apócrifo se dice que tenían algún vínculo familiar, y también que llegaron con tres legiones de soldados: una de Persia, una de Babilonia y otra de Asia. Según posteriores interpretaciones los Magos fueron considerados originarios de Europa, Asia, y de África respectivamente.

Con respecto a los nombres de los reyes (Melchor, Gaspar y Baltasar) las primeras referencias parecen remontarse al siglo V a través de dos textos, el primero titulado Excerpta Latina Barbari, en el que son llamados Bithisarea, Melichior y Gathaspa, y en otro evangelio apócrifo, el Evangelio armenio de la Infancia, donde se les llama Balthazar, Melkon (Melchior) y Gaspard. Los nombres son además diferentes según la tradición siriaca.

Historia y leyenda

La tradición más difundida cuenta que vinieron de Oriente, en número de tres, y que iban guiándose por una estrella (celebérrimamente conocida como La estrella de Belén) que les condujo hasta Belén.

Allí buscaron al Niño Jesús recién nacido y le adoraron, ofreciéndole oro (representando su naturaleza real, como presente conferido a los reyes), incienso (que representa su naturaleza divina, empleado en el culto en los altares de Dios) y mirra (un compuesto embalsamador para los muertos, representando el sufrimiento y muerte futura de Jesús).

Antes de llegar, encontraron al rey Herodes el Grande en la ciudad de Jerusalén, quien astutamente les conminó a que, de regreso, hablaran con él para darle noticia del sitio exacto donde se encontraba dicho niño; y, así, poder ir él también a adorarle. (En realidad, lo que quería era darle muerte, por eso ordenó la matanza de los inocentes).

La historia sigue contando cómo un ángel se apareció a los magos y les advirtió del peligro que corría Jesús si ellos obedecían el deseo de Herodes. Así pues, no volvieron por el mismo sitio. Parece ser que, sólo por el hecho de que el relato evangélico indicara que trajeron tres dones (oro, incienso y mirra), se dio por sentado que eran tres los personajes que los traían.

Aunque también en algún momento las distintas tradiciones han señalado que eran cuatro, siete y hasta doce. La primera vez que surge el nombre con que hoy conocemos a los Reyes Magos es en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia). El friso de la imagen está decorado con mosaicos de mediados del siglo VI que representan la procesión de las Vírgenes.

Esta procesión está conducida por tres personajes vestidos a la moda persa, tocados con un gorro frigio y su actitud es la de ir a ofrecer lo que llevan en las manos a la Virgen que está sentada en un trono y tiene al Niño en su rodilla izquierda. Encima de sus cabezas se pueden leer tres nombres, de derecha a izquierda: Gaspar, Melchior, Balthassar… Poco a poco la tradición ha ido añadiendo otros detalles a modo de simbología: se les ha hecho representantes de las tres razas conocidas en la antigüedad, representantes de las tres edades del hombre y representantes de los tres continentes (Asia, África y Europa).

La llegada de los Reyes Magos es un tema tratado también en los Evangelios apócrifos. Según la tradición esotérica aplicada al cristianismo, estos personajes procedían del lugar donde se encontraba el Preste Juan. Otra leyenda cuenta que, después de la resurrección de Jesús, el apóstol Tomás los halló en Saba. Allí fueron bautizados y consagrados obispos. Después fueron martirizados en el año 70 y depositados en el mismo sarcófago.

Los restos fueron llevados a Constantinopla por Santa Elena. Posteriormente, Federico I Barbarroja, en el siglo XII, los trasladó a Colonia, donde hoy reposan con las coronas que supuestamente llevaron durante su existencia. Miles de peregrinos empezaron a llegar a Colonia, lo que propició que en 1248 se iniciara la construcción de la catedral de Colonia, que llevaría más de 600 años terminarla. Hoy día es uno de los monumentos góticos más impresionantes de Europa. Colonia se ha convertido junto con Roma y Santiago de Compostela en uno de los grandes centros de peregrinación. Igualmente, existen leyendas que hablan de un cuarto rey mago .
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FORMACIÓN: HISTORIA DE LAS FIESTAS DE NAVIDAD




En el Siglo I antes de Cristo, en Roma se celebraba el culto de Mithra, de origen persa, importado a Roma por los legionarios romanos. Mithra era la divinidad persa de la luz. Este culto a la divinidad se celebraba el 25 de diciembre celebrando el nacimiento de Mithra “El Sol Invicto”. Y se celebraba  con el sacrificio de un joven toro.Historia de la navidadLa fiesta de Navidad no existía al principio del cristianismo. No fue hasta el Siglo II cuando la Iglesia determinó que el día del nacimiento de Jesús fue el 25 de Diciembre.  La iglesia determinó ciertamente el nacimiento de Jesús ese día concreto para contrarrestar el culto pagano que se celebraba ese mismo día al Dios Mithra. Hacia el año 330 o 335, el emperador Constantino decidió fijar la fecha del día de Navidad cómo el 25 de Diciembre.

En el año 354, el papa Libero instauró la celebración de la fiesta del 25 de diciembre, que marca el inicio del año litúrgico. Esta fecha tiene un valor simbólico. En efecto, inspirándose en Malaquías 3:19 y Lucas 1:78, se consideró  la venida de Cristo como la subida del " Sol de justicia”. La fiesta de Navidad celebra así el nacimiento de Jesús Sol de justicia.

La fiesta del 25 de diciembre llegó progresivamente a Oriente y a la Galia: en 379 llega a Constantinopla, al principio del siglo V en la Galia, a mediados del siglo V en Jerusalén y a finales del siglo V en Egipto. En las Iglesias de oriente, en el siglo IV, se celebraba, de diversas formas, el 6 de enero la fiesta de la manifestación del Dios.

El emperador Teodosio en 425 codifica oficialmente las ceremonias de la fiesta de Navidad. La fiesta del 25 de diciembre se convierte exclusivamente cristiana. En 529, el emperador Justiniano convierte el día de Navidad en festivo para todo el Estado.

La misa del gallo celebra desde el Siglo V, con el pontificado de Gregorio el grande. En el Siglo VII desde Roma se establece celebrar 3 misas: la vigilia de la noche del 24 de diciembre, la misa de la aurora y la misa de día el 25 de diciembre.

La fiesta de Navidad se difundió progresivamente en Europa. Se celebró por primera vez en el  Siglo V en Irlanda, en el Siglo VII en Inglaterra, en el Siglo VIII en Alemania, en el S. IX en los países escandinavos y en el Siglo X en los países eslavos.

A partir del Siglo XII, la celebración religiosa está acompañada de dramas litúrgicos, los "misterios ", que ponen en escena la adoración de los pastores o la procesión de los magos. Estos dramas litúrgicos se celebraban primitivamente en las iglesias, luego sobre las plazas.

Los belenes aparecen en Italia en el Siglo XV  y el árbol de Navidad en Alemania en el XVI . En la Reforma en1560, los protestantes se oponen a los belenes y prefieren la tradición del árbol de Navidad. Con la contra reforma del Siglo XVII , las representaciones de los dramas litúrgicos se prohibieron ya que se hicieron demasiado profanos.

En el Siglo XIX, Papá Noel (San Nicolás), aparece en los Estados Unidos . Este símbolo navideño se difunde por Europa después de la segunda guerra mundial.

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